Cómo perderse en traducciones con visitas interculturales
O sobre cómo unos días con amigos pueden convertirse en un repaso del diccionario castellano.
Hablando con un amigo argentino que trabaja en España desde hace unos años, discutíamos sobre las diferencias de trabajar en otro país. Me contó que un colega le había preguntado qué fue lo que más les costó al llegar a España, a lo que mi amigo respondió: el idioma. Su colega se le rió, diciéndole que en Argentina y en España se hablaba el mismo idioma, pero mi amigo le respondió que, en realidad, era muy distinto, especialmente en el ámbito laboral.
En nuestra conversación, mi amigo me dijo que le costaba encontrar sustitutos para palabras que en Argentina usaba siempre, como “rubro”, que la terminó cambiando por “sector”; pero hay una que logra traducir correctamente: “prolijo”. Parece que los españoles no usan esta palabra, y cuando él la dice en alguna reunión, sus colegas no saben a lo que se refiere. Él trata de explicar y decir que sería algo ordenado, pulcro, correcto, pero si sos argentina/o como yo, sabemos bien que no es la misma cosa.
Soy Francina Ag, una argentina perdida (o encontrada) por el mundo. Escribo Cómo Connect Newsletter cada miércoles contándote mis aventuras interculturales. A veces vuelvo al pasado de mis años viviendo en Francia o en Canadá, y otras veces puedo contarte de mi presente viviendo en Italia. Cada tanto también invito a amigas/os a escribir sus anécdotas interculturales. Si te querés sumar al club, es por acá y es gratis:
Visitas interculturales que hacen bien
Unos días atrás recibí a dos amigas argentinas en mi casa italiana. Ambas viven desde hace años en Europa y tratamos de encontrarnos un par de veces al año. A principios de año nos vimos en un pueblito entre montañas nevadas en Andorra, en el verano en una playa española, y esta vez tocó Italia en su versión otoñal con nubes.
Me gusta mucho encontrarme con ellas porque siento que puedo relajarme con la manera de comunicarme. La casualidad quiso que las tres hayamos vivido unos años en Francia, por lo que manejamos bien el francés; y por cuestiones laborales, las tres también tenemos un buen nivel de inglés. Por supuesto, lo que más hablamos entre nosotras es castellano argentino, nuestro idioma materno (aunque la que vive en España ya incorporó varias palabras gallegas a su vocabulario diario y suenan un poquito raras cuando las dice, pero se las dejamos pasar porque sabemos que es un proceso natural e inevitable). Pero mi libertad completa al hablar con ellas se debe a que, cuando una palabra no me viene en español porque hace mucho que no la uso, puedo usar su versión francesa o inglesa, sabiendo que me van a entender igual.

Sobre el “aparato para inflar”
Como cada una de mis amigas viajaba con su pareja, para esta visita tuve que comprar un colchón inflable para poner en mi oficina. Quería explicarles que el aparato que infla el colchón funcionaba con pilas. ¿Cómo se dice en español pump [palabra en inglés] o pompe [palabra en francés]?, les pregunté. “Pompa” no suena bien, les dije. Y ninguna de las dos pudo responderme. Sabían a lo que me estaba refiriendo, pero no podíamos encontrar la palabra en nuestro idioma para decirlo. El novio uruguayo de una de ellas (que hace décadas vive en España) escuchó la conversación y se acercó diciendo: inflador.
¿Cómo se dice chestnuts?
El novio británico de mi otra amiga es fanático de los hongos, así que los llevé a caminar a un sendero cerca de casa donde se suelen encontrar muchos. Me contaba que en los alrededores de Londres (donde viven ellos) suelen salir en busca de champinones. ¿Hay muchos chestnuts por acá?, me preguntó cuando íbamos camino al sendero en el auto. Me giré a mirar a mi amiga: ¿Chestnuts son castañas? Sí, fue su respuesta. Entonces sí, hay muchos “chestnuts” en esta región.
Buscando la traducción de noisette
Más tarde, hablando de cosas italianas ricas, mi novio nombró los baci di dama. Ay! ¿Son como las galletitas boca de dama argentinas?, preguntó una de mis amigas. Yo quise explicarle que no, que los baci di dama son como mini alfajorcitos que en vez de dulce de leche, tienen un estilo de Nutella en el medio, y que la masa de las tapitas lleva pedacitos de… y me quedé callada. “Noisette, ¿cómo es noisette en español?, pregunté a la ronda. Al rato, mi amiga ahora londinense dijo: avellana.
Un juego de palabras
Viendo que los cuatro invitados se divertían tratando de entender palabras italianas que veían en carteles en la calle o en el menú del restaurante, my Italian guy preparó un juego para ellos. Durante una sobremesa en casa, sacó papelitos, cada uno con una palabra en italiano, para que adivináramos su significado. Para mi vergüenza, aunque ya hace tres años que vivo en el país, yo desconocía también la mayoría de esas palabras.
Apareció un papel con la palabra “spiffero”. Ni el anglosajón ni los cuatro hispanoparlantes logramos adivinar el significado. Mi chico explicó que es ese aire que entra por un espacio pequeño, por una ranura, por abajo de la puerta, por una ventana que no cierra bien, que te da un poquito de frío. “Draft”, dijo inmediatamente el inglés, “spiffero” is a draft in English. Con mis amigas nos miramos: ¿Brisa? ¿Vientito? No nos convencía ninguna de las palabras; concluimos que tal vez en español no existía una palabra específica para eso. Solo antes de irnos a dormir, una de ellas gritó: ¡Chiflete!, “spiffero” se dice “chiflete” en español.
Conclusión no tan conclusiva
Es muy loco cómo se adquieren palabras en otro idioma cuando se las usa tanto y vamos eliminando de nuestro vocabulario las equivalentes en nuestro idioma. Escribiendo este post, me acordé de que cuando llegué a Italia, me resultaba muy rara la expresión que ellos usan acá para pedir disculpas. En las primeras semanas entré a una carnicería para pedir huesos para mi perra. El señor, con su delantal blanco manchado de sangre, me dijo que la carne le llegaba ya cortada, así que no tenía recortes o sobrantes con huesos. No paraba de repetirme: “mi dispiace”. La traducción literal al español sería “me desagrada”. Yo pensaba por qué se lo toma personal, si no es su culpa suya que la carnicería funcionara así. Un “disculpame” (vos a mí) suena menos personal, más adecuado para la situación.
Pero ahora, tres años después de haber escuchado y usado el “mi dispiace”, el perdón castellano no es lo suficientemente fuerte para mí. Cuando tengo que pedir disculpas, quiero sentirme involucrada en la acción. El “mi dispiace” italiano me es mucho más cercano que el “disculpame” español, porque me involucra en la situación; de verdad me siento mal por no poder ayudarte, por no poder resolver tu problema. Solo el “disculpame” me suena a que te lo digo y puedo lavarme las manos; lo siento poco empático, poco personal, demasiado flojo y hasta un poco egoísta.
Espero que hayas entendido el trabalenguas lingüístico de este artículo y, si no, mi dispiace.


Qué linda palabra CHIFLETE. Me parece hermosa la disculpa italiana mi dispiace!
Me encantó tu narración y me siento identificada con cada palabra. Que loco que es reconocer que después de hablar diferentes idiomas ya no puedes volver a hablar solo uno 😂 En mi caso yo hablo almañol con mi novio y denglish con mis amigas en Alemania, ya no hay vuelta atrás! Saludos Francina :)